Error de identidad. Capítulo 1

June 23, 2017

 

 

 

La mujer se retocaba el maquillaje frente al espejo del brillante y blanco lavabo de señoras del museo. Nada en sus movimientos tranquilos, firmes, medidos a través de las muchas veces que había repetido ese ritual en su vida de adulta, mostraba el caos que existía a cincuenta metros de ella. Dentro de las salas que guardaban las distintas obras de arte, los visitantes se perseguían unos a otros buscando la puerta,  sin verificar en ningún momento, la señalización que marcaban los carteles verdes de salida de emergencia. Y al igual que el río lleva la dirección correcta marcada por la orografía del terreno, así la marea de personas salían del museo por instinto de supervivencia sin equivocarse de camino.

 

Cuando finalmente dio por acabado el trabajo, la mujer salió de ese anexo nuevo del edificio para incorporarse a la exposición en la sala Rembrant. Un extraño escalofrío le recorrió la espalda, estaba sola en ese inmenso edificio. Instintivamente miró el reloj, eran las cinco de la tarde, no podía ser que hubieran cerrado el museo, dejándola a ella dentro. Se dirigió a la salida, siguiendo el camino que había recorrido dos horas antes. La escalera que la conducía al nivel inferior, a pie de calle, estaba desierta también, pero todas las luces permanecían encendidas. Al pasar por una puerta del descansillo de la gran escalera, vio un pasillo largo por donde corría un grupo de vigilantes del museo. Sin pensarlo salió tras ellos, sólo quería preguntar que había sucedido en los veinte minutos que había estado en el lavabo de señoras.

 

Fue la última en atravesar una puerta que daba acceso a un gran almacén y encontrar allí,  como el resto de los integrantes, un cordón de policías. Cada vez entendía menos los hechos que se estaban sucediendo. Varios agentes fueron poniendo esposas a cada uno de los hombres que habían corrido delante de ella y que iban vestidos como los vigilantes del museo, pantalón negro y chaqueta granate. Cuando llegaron a ella se las pusieron también. Con los conocimientos de francés casi nulos que tenía la mujer, no era capaz de entender nada de las conversaciones que se producían a su alrededor,  estaba cada vez más desconcertada. 

 

Cada uno de los nueve esposados fueron conducidos por un policía hasta la puerta trasera del museo. Allí fueron metiendo en un furgón a todos excepto a la mujer, porque ya no había sitio. Sin demorarse mucho, pararon un coche de la policía y la sentaron en el asiento trasero. Nadie habló con ella durante el trayecto a la comisaría. No fueron muchos minutos pero lo suficiente para que a pesar de ser inocente, presintiera que la imputarían un delito que estaba fuera de su capacidad. Ella sentía que según se prolongaba el trayecto sus temores a ser metida en la cárcel eran mas reales. 

 

The woman was retouching her makeup in front of the mirror in the bright and white ladies' room of the museum. Nothing in her calm and firm movements, measured through the many times she had repeated that ritual in her adult life, showed the chaos that existed fifty meters away from her. Inside the rooms that kept the different works of art, the visitors were chasing each other looking for the door, without verifying at any time, the signage that marked the green signs of emergency exit. And just as the river has the right direction marked by the orography of the terrain, so the tide of people left the museum for instinct of survival without making mistakes on the way.

 

When she finally finished the job, the woman left that new annex of the building to join the exhibition in the Rembrant room. A strange chill ran down her spine, she was alone in that immense building. Instinctively she looked at the clock, it was five in the afternoon, it could not be that they had closed the museum, leaving her inside. She headed for the exit, following the path she had traveled two hours before. The staircase that led to the lower level, at street level, was also deserted, but all the lights remained on. Passing through a door of the landing of the grand staircase, she saw a long corridor where a group of museum guards ran. Without thinking she went after them, just wanted to ask what had happened in the twenty minutes she had been in the ladies' room.

 

She was the last person to cross a door that gave access to a large warehouse and to find there, like the rest of the members, a police cordon. Each time she understood less the events that were happening. Several agents were putting handcuffs on each of the men who had run in front of her and who were dressed as the museum guards, black pants and maroon jacket. When they reached she, they put her on as well. With almost no knowledge of French that the woman had, she was not able to understand anything of the conversations which were taking place around her, she was increasingly confused.

 

Each of the nine handcuffed were led by a policeman to the back door of the museum. There they were putting everyone in a van except the woman, because there was no place. Without much delay, they stopped a police car and sat her in the backseat. Nobody talked to her during the trip to the police station. It was not many minutes but enough so that, she despite being innocent, she felt that she would be imputed with a crime that was beyond her ability. She felt that as the trip dragged on, her fears of being put in jail were more real.

 

 

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