Ushuaia. Capítulo 1

January 3, 2019

 

 

Falta una hora para aterrizar. Me siento nerviosa, y sola, tal y como había soñado tantas veces. ¿Qué clase de vida me espe

ra?. ¿Me sentiré satisfecha?. ¿Encontraré amigos? ¿Conseguiré adaptarme a este país? Me da fuerzas el pensar que era un paso que tenía que dar. No habría podido terminar mi vida sin lamentar el no haberlo hecho. En último extremo, el contrato es por un año y luego podré volver a España. Un año lejos de mi familia, mis costumbres, mi vida segura y cómoda. Espero no tener problemas con el equipaje y que lleguen las maletas en el mismo avión que yo. Estoy deseando volver a pisar “El café de la Esquina”. ¿Volveré a ver a aquel hombre? Tenía una mirada penetrante y brusca, hostil como un lobo. Yo creo que ahora tendrá cerca de 40 ó 44 años, tal vez más. Ahora que lo pienso, los hombres que pasan la cuarentena me parecen realmente atractivos, después de todo yo ya tengo 34. Que remolino de ideas y emociones me invade. Volver a Ushuaia, pasear por sus calles sin prisa, reconocer los rincones donde ya estuve, buscar con la mirada alguna cara conocida. Pasear por la playa. Vivir verdaderamente en esa ciudad. Tengo miedo de encontrar algo muy distinto a lo que yo he estado imaginando desde la primera vez que estuve allí.

 

Ya estoy aquí. Por fin hemos aterrizado. Al mirar por la ventana he vuelto a ver esa entrada tan peculiar, al único edificio del aeropuerto. Con su cornisa de madera y su “Bienvenidos a Ushuaia” pintado en amarillo, rojo y verde. Es una imagen que me separa de la civilización tal y como la conozco. Estoy acostumbrada a ver edificios construidos con cemento, ladrillo, aluminio, y es una relajación para la vista ver casas de madera pintadas de distintos colores, todos alegres y llamativos. Este lugar hace que retrocedas en el tiempo, te invita a sumergirte en la naturaleza que te rodea, en lugares todavía inexplorados. Tengo una extraña sensación de peligro. Si el lugar marca a sus gentes, es posible que me sea difícil convivir con personas acostumbradas a este recio clima. Su carácter está marcado por la supervivencia. Yo estoy acostumbrada a la vida de ciudad, donde no estas nunca una noche sin luz. Donde puedes ducharte cada día con agua caliente. He vivido siempre en una casa con vecinos. Tengo miedo, recuerdo que últimamente cuando estaba en Riaza, sola en el chalet, sentía los ruidos de la noche. Sin teléfono, sin comunicación en caso de que me robaran o violaran o qué se yo. Hay tantos trances que puedes vivir y que pueden marcarte para siempre. Será mejor no pensar en los problemas antes de que aparezcan.

 

Estamos en la primera semana de Marzo y aquí está terminando el verano. Verano, insignificante palabra para un lugar donde siempre usas chaqueta. Seguro que me he equivocado y he traído demasiada ropa ligera. Bueno, mejor es pasarme que no llegar puesto que no volveré a España hasta dentro de un año.

 

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